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Barberos, Practicantes, Matronas y Enfermeras en el ámbito gaditano en la Edad Moderna

Por   /  3 Agosto, 2017  /  No hay Comentarios

Autora: Miriam Parra Valenzuela (Grado en Enfermería)

Resumen

En el presente estudio se mostrará la evolución de la profesión enfermera en la Edad Moderna en el ámbito gaditano, referenciando las funciones que se llevaban a cabo dentro de la profesión. Se hablará también de las figuras que ejercían la actividad sanitaria como eran los barberos, practicantes, matronas y enfermeras. Se mostraran documentos los cuales nos describen las funciones que ejercían las labores propias en los centros referenciados como son el “Colegio de San Bartolomé de Cádiz”, la “Orden Religiosa de las Hijas de la Caridad” y el “Hospital de Nuestra Señora del Amparo del Puerto de Santa María” entre otros.

Introducción

Encontramos referencias sobre la Enfermería en las Constituciones y Reglas del Colegio de San Bartolomé de Cádiz (1594). Sobre las funciones del enfermero nos dice:

“(…) El enfermero ha de asistir a las visitas del médico, y escribir todo lo que ordenare, y solicitar que se cumpla, así lo que fuere de medicinas, como de comida, previniendo al despensero y cocinero, de lo que se ha de aderezar en que forma y para qué hora. Ha de asistir al dar de comer y cenar a los enfermos, y a la ejecución de los remedios que se les hicieren, y tener presto cualquier recaudo que para ello fuere necesario. No ha de dar, ni consentir que se les dé a los enfermos, más de lo que el medico ordenare. Dormir adentro de la enfermería, cuando pareciere que hay necesidad. Cuando el medico ordenare, que se administre alguno de los santos sacramentos a los enfermos, de cuenta al rector y capillero, para que se prevenga el recaudo necesario.”

 Las Constituciones también hacen referencia a las enfermeras:

“(…) A madre, o abuela del enfermo, podrá el rector dar licencia, si le pareciere, para que entren a ver a su hijo, o nieto, acompañándola hasta que vuelva a salir: y si la tal madre, o abuela (solas, sin criada, ni otra compañía), quisieren estarse en la enfermería en lugar de enfermeras, por algún tiempo, se le de licencia, con condición de que no salga del aposento de la dicha enfermería.”[1].

[1] Constituciones y Reglas del Colegio Seminario de san Bartolomé de la ciudad de Cádiz. 1594. Biblioteca Británica. 2015.

Ya a comienzos del siglo XVIII, con la llegada de la dinastía borbónica a la Monarquía Hispánica, existían en Cádiz 13 o 14 galenos (médicos), 19 boticarios (farmacéuticos), de 12 a 14 cirujanos y dos sangradores que debían atender a una población cifrada en 41.000 habitantes. Al final de la Guerra de Sucesión, el Dr. Manuel Bustos recoge en su libro que existían seis matronas ayudando en los partos de las mujeres gaditanas[1].

Es en 1717 cuando se publica en Madrid la obra del cirujano Pablo Petit “Cuestiones generales sobre el modo de partear, y cuidar a las mujeres que están embarazadas o paridas”. Ciertamente la obstetricia del siglo XVIII muestra un auge equiparable por volumen y riqueza doctrinal y clínica al del resto de Europa, facilitado por los contactos cada vez más directos de la medicina española con la de los restantes países europeos y especialmente con Francia, a raíz de la instauración borbónica. Se incrementan el número de cirujanos que asisten a los partos, a pesar de la controversia que esto provocó acerca de la conveniencia de que fueran mujeres o cirujanos quienes practicasen la Obstetricia.

Es importante resaltar que al mismo tiempo que se publica la obra de Pablo Petit,  encontramos la denominación de “practicante”, refiriéndose especialmente al profesional masculino que realizaba las tareas de enfermería. Así lo recoge la Real Cédula[2] de Felipe V. El 29 de Enero de 1717 aparece el término de “practicante”, donde se nombran las funciones que les eran propias a los barberos- sangradores, requiriéndoles una destreza técnica mayor como sangrías, extracciones dentarias, flebotomías… Ambos términos conviven durante el siglo XVIII.

Encontramos enfermeras religiosas, como  las  Hijas de la Caridad[3]. Entre sus funciones se encontraban la limpieza, el orden y  la compostura de las camas, el aseo de los enfermos/as y la “policía” (organización y reglamentación interna) de las salas.  Sabemos que ejercían en la época las funciones de las actuales supervisoras/es.  Entre sus funciones estaba también  acompañar al profesor facultativo junto al practicante y enfermero a la visita, anotar los alimentos en un cuaderno “(…) sin perjuicio de colocar las tablas ó llandetes que indiquen el régimen (…)”.

Hemos de destacar en Cádiz durante los siglos XVII y XVIII la labor enfermera realizada en el Hospital de Mujeres por las Esclavas del Carmen, fundadas en 1634 por la Madre Sor Antonia de la Cruz hasta 1860 en que fueron sustituidas por las Hermanas Terciarias Carmelitas.

En las instituciones benéficas y hospitalarias fundadas por la Iglesia en el siglo XVIII constatamos una fusión de enfermería y asilo. El Dr. Juan Manuel García-Cubillana[4] afirma que el personal asistencial en estas instituciones va a estructurarse como una verdadera familia. La máxima autoridad recaía en el administrador, nombrado por el prelado, residiendo las hermanas y hermanos enfermeros  en el mismo centro hospitalario. El resto del personal sanitario vivía fuera del recinto hospitalario.

En las Constituciones del Hospital de Mujeres[5], publicadas bajo el episcopado de Fray Tomás del Valle (1731-1776), aparecen recogidas funciones de estas enfermeras, que debían cuidar de los pacientes albergados y, por supuesto, de su correcta alimentación para el restablecimiento de su salud: “(…) Siguiendo la visita del Médico y el cirujano, irá una de las enfermeras apuntando lo que han de comer y cenar las enfermas, que será lo que se suela dar, y estando inapetentes, lo que quieran (…)”.

Encontramos mención a las funciones de las enfermeras en los hospitales del siglo XVIII en las reglas del Hospital de Mujeres del Puerto de Santa María (Cádiz).

“(…) A de ser obligada a asistir personalmente a las visitas de médicos y cirujano thomando memoria por scripto (según el horden y números de las camas) de los remedios, y ora de aplicarlos, y de las de comer estras y ordinarias, para saver lo que en cada cama, y su enferma sea de executar y lo cumplirá asi por su persona o las demás ermanas enfermeras”.

También hacen referencia estas reglas a las funciones de las “Enfermeras Menores”: En su capítulo V se dice:

“(…) An de tener obligazion de hacer las camas de las enfermas, lo menos una vez cada día, y mas quantas la necesidad lo pida y juntamente, an de ser obligadas a limpiar los servicios y quando las enfermas se lebanten a ellos las an de aludar, y ttambien para que se buelban a sus camas. Han de servir por sus personas el almuerzo, comida y cena y también la curazion de las pobres enfermas attendiendo con toda vijilancia a ttodo lo que fuere de su alibio (…)”.

[1] Bustos Rodríguez M. Los siglos decisivos. Historia de Cádiz. Sílex. 2005.

3 De las Casas J.G. Diccionario general del notariado de España. Madrid: 1857. Vol.8.

[3] Quiles Gómez I., García González M. Las Hijas de la Caridad como precursoras de la enfermería. Salud y enfermedad en los tiempos de las Cortes de Cádiz. 2013. 223-236.

[4] García-Cubillana de la Cruz J.M. La asistencia en el Hospital de san Juan de Dios en Cádiz en la época del traslado de la casa de contratación desde Sevilla. El Castillo de San Fernando Noticias de la Isla. 2016.

[5] De Goenechea Alcalá-Zamola, L. El Hospital de Mujeres de Cádiz. Medicina e Historia 1988; 24: 5-26.

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