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La enfermera, Elisabeth Lara, explica su experiencia como cooperante en zonas rurales de Ecuador

Por   /  15 Diciembre, 2016  /  No hay Comentarios

img-20160920-wa0021Realizó el voluntariado durante el mes de septiembre a través de “Enfermeras para el Mundo”, la ONG del Consejo General de Enfermería y contó con el apoyo del Colegio provincial de Cádiz, donde se encuentra colegiada

Gema Freire.- Entre el grupo de profesionales seleccionado para el programa de Voluntariado Internacional de Enfermeras para el Mundo (la ONG de la Organización Colegial de Enfermería) se encuentra Elisabet Lara García, una enfermera colegiada en Cádiz, que durante el pasado mes de septiembre participó en un proyecto de cooperación en la provincia ecuatoriana de Manabí. El Colegio de Enfermería de Cádiz colaboró con ella en su interés por fomentar la promoción para la salud en zonas desfavorecidas y ahora es Elisabeth quien nos cuenta, de primera mano, cómo ha sido su experiencia.

¿Cuál es el papel de la enfermera voluntaria en este programa?

La enfermera voluntaria va con un programa muy claro y concreto de la asociación Santa Marta, que es la organización local con la que trabaja la ONG Enfermeras para el Mundo. El objetivo es capacitar a las mujeres en aspectos relacionados con los hábitos de vida saludables y promoción de la salud.

Las mujeres de diferentes comunidades se organizan en asociaciones, impulsadas a su vez por la Asociación Santa Marta. Las asociaciones de cada comunidad tienen como referente a una promotora que conoce las dificultades que tienen e intentan ponerles solución. Son precisamente las promotoras las que informan a las voluntarias de las necesidades de formación de cada zona, de forma que una vez en Ecuador pactamos con las promotoras la formación que daremos a cada asociación. 20160923_150727

¿En qué ha consistido su trabajo en Manabí?

Mi trabajo con la Asociación Santa Marta ha consistido en ir por diferentes comunidades de la provincia de Manabí para capacitar a mujeres sobre diferentes temas en base a sus necesidades, generalmente de salud. Hicimos diversos talleres a lo largo del periodo de mi voluntariado, uno de alimentación en niños menores de 3 años, diabetes, hipertensión, gestión y liderazgo,  higiene en menores, etc. Además de esto realizábamos otras actividades cuando la asociación demandaba nuestra ayuda, como por ejemplo, preparar bolsas de alimentos que luego serían repartidas por las familias más afectadas. Estas bolsas llevaban arroz, pasta, atún, sal, azúcar, avena y aceite. Un día participé en un concurso de alimentación saludable entre diferentes “centros infantiles del buen vivir”. Fue divertidísimo ver cómo las madres que participaban en el concurso se esforzaban en aprender y en elaborar comidas saludables y muy originales.

img-20160911-wa0047Cuando vamos de voluntarios tenemos que ser conscientes de que vamos a ayudar y para eso tenemos que satisfacer las necesidades que tenga la asociación y personas que vivan allí en ese momento concreto. Es decir, nosotros nos podemos imaginar que vamos a realizar tal programa, participar en tal proyecto, ayudar a tal población, pero hasta que no estás sobre el terreno no te das cuenta de las necesidades y son ésas en las que tenemos que ayudar, sino estaríamos actuando egoístamente satisfaciendo nuestras necesidades antes que las de ellos. Por poner algún ejemplo, un arquitecto puede ir a un país tras un terremoto para ayudar a valorar y hacer planos de viviendas, pero quizás en ese momento no necesitan eso, sino quitar escombros o simplemente ayudar a cargar ladrillos para las reconstrucciones de dichas viviendas. Por lo que si vamos a ayudar, tenemos que tener una mente abierta y adaptarnos continuamente a sus necesidades, no a lo que nos gustaría a nosotros como personas y profesionales.

¿Cuáles son las principales necesidades sanitarias que ha podido detectar en las zonas rurales en las que ha estado?

Para ser sincera, muchísimas y de todo tipo, de higiene alimentaria, de vivienda, personal, humanitaria y, por supuesto, asistencial. Una de las cosas que más me ha sorprendido es el miedo que aún permanece en las personas tras vivir un terremoto de esas características.  Algunas personas no quieren salir de su comunidad por miedo a que vuelva a suceder y no estén cerca de sus familiares, ni en sus viviendas. Una noche me quedaba a dormir en la casa de una de las mujeres de una asociación y sobre las 7 de la tarde se fue la luz. En ese momento se encontraba en la casa una de las nietas, con 5 añitos, que empezó a temblar, agarrándonos y diciendo con cara de descomposición:  ¡Terremoto, terremoto! A mí personalmente me encogió el corazón el ver el miedo en su carita inocente.  La niña asocia la ida de la luz con el terremoto, pues en el momento que hay temblores se va la red eléctrica para evitar incendios y electrocuciones.  No creo que se me olvide nunca esa imagen, fue aterrador, igual que miles de historias trágicas y el miedo que está tan presente.

Descríbanos cómo ha sido su día a día.img-20160907-wa0003

Me despertaba temprano, desayunaba, me vestía e iba a la estación de autobuses, donde cogíamos un autobús para algunas de las comunidades, a veces estaban a 3 horas y media o así. En algunas ocasiones teníamos que coger un segundo autobús, una camioneta, una moto taxi hasta el lugar dónde habíamos quedado con las mujeres para dar el taller. A veces, tras dar un taller, íbamos a otra comunidad para dar otro, por lo que cogíamos otro autobús, camioneta… hasta la siguiente comunidad. En algunas ocasiones nos quedábamos a dormir varios días por una zona en los domicilios de las mujeres, otras nos íbamos para  la asociación y seguíamos elaborando los papelógrafos, otras íbamos a hacer fundas, o llegábamos de noche y nos íbamos directas a casa. Cenábamos con la familia que nos acogía, que era la fundadora de la asociación, y posteriormente, tras sobre cómo nos había ido el día, de las costumbres de Ecuador, cultura o simplemente de conversaciones interesantísimas, nos íbamos a dormir. Tengo que admitir que la familia nos acogió muy bien, estuvimos muy a gusto con ellos y con los amigos de la familia, incluso venían a por nosotras para salir.

Antes de cada taller teníamos que elaborar los papelógrafos con la información que queríamos resaltar. Eso nos llevaba su tiempo y lo íbamos haciendo conforme podíamos.

Siempre hablo en plural porque íbamos dos enfermeras, mi compañera Miriam y yo.

¿Qué es lo que más le ha gustado y qué es lo que ha llevado peor?

Me han encantado tantas cosas que no podría quedarme con una sola. Me ha sorprendido muchísimo la bondad de las personas a las que le dábamos los talleres. Nos ofrecían sus casas, comidas, nos agradecían enormemente nuestra dedicación y esfuerzo, y para demostrar eso nos ofrecían todo lo que tenían. Es increíble como a veces las personas que menos economía y recursos tienen comparten y dan más que otras con más recursos. Me encantaba ver cómo muchas mujeres querían aprender, además como tenía que adaptarme continuamente a ellas, a su ambiente, a dificultades, etc. No negaré que en alguna ocasión fue difícil.

Cuando llegamos allí tuvimos que cambiar nuestra forma de dar los talleres para poder acercarnos a ellas y que aprendieran, que era lo realmente importante.

Me sorprendió muchísimo sus costumbres, sus casas, todo. Y puedo decir que es un país precioso, con unos paisajes realmente increíbles.

p1030911Lo peor que llevé fue la comida. A las dos semanas estaba cansada de comer arroz blanco y caldo de gallina, y de cepillarme los dientes con el cepillo lleno de hormigas pequeñísimas, aunque tampoco supuso un problema para mí. Los primeros días pensaba mucho en los mosquitos, me protegía con repelentes, pulseras, mosquiteras, intentaba ponerme blusas al atardecer (ríe).  Me asusté muchísimo al verme las primeras picaduras, hasta que me acostumbré.

Una vez que ha estado allí, ¿qué cualidades debe tener un enfermero para participar como voluntario en este tipo de misiones?

 Considero que los enfermeros por nuestra formación, habilidades y forma de ver a la persona de forma totalmente holística, estamos perfectamente capacitados para emprender actividades de este índole. Bajo mi punto de vista, somos de las profesiones más concienciadas en la búsqueda activa de problemas, ver a la persona como un todo integral y capacitadas para participar como cooperante, también confieso que yo amo mi profesión y defenderé siempre sus capacidades.

No voy a negar que es necesario informarse y formarse previamente de lo que es cooperación internacional, condiciones del país al que se viaja y por supuesto de la asociación con la que vayas a colaborar y actividades que demandan.

La ONG enfermeras para el mundo impartió un curso previo de 3 días de cooperación internacional, aportándome una visión nueva y holística de lo que realmente es, además de habilidades de comunicación.

¿Qué le ha aportado la experiencia a nivel personal y profesional?

A nivel profesional muchísimo. Soy especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria, me encanta la educación y promoción de la salud. He podido aumentar mi experiencia en este ámbito, además de desarrollar mis capacidades para adaptarme a un modo de trabajo totalmente distinto, con falta de recursos y ambientes totalmente desconocidos.img-20160920-wa0012

Personalmente ha sido tantísimo, que me resulta difícil reflejar tanto crecimiento. Voy a empezar diciendo que he descubierto algo de mí, muy importante, además de ser consciente en algunas cosas que quiero mejorar y crecer, para llegar a ser la mejor versión de mí misma. He crecido como persona en todos los niveles. Por supuesto, ni que decir, que he conocido personas increíbles, como la familia que me acogía, amigos de la familia, trabajadores de la asociación y mujeres y familias de las comunidades. La familia nos enseñó muchísimo. Y a esto se le suma el acercamiento a una cultura totalmente diferente que llega incluso a formas distintas de ver la vida.

He estado realmente bien, aunque también tengo que decir que hay momentos de nostalgia, de echar de menos a familiares y amigos. En algunos momentos te atrapa la tristeza por historias o situaciones que vives y se siente mucha impotencia porque la economía diferencie a los seres humanos.

Esto es algo que no digo a casi nadie, pero si me preguntases por el aprendizaje más profundo que me llevo, te diría que me he dado cuenta de cómo somos los seres humanos, pero no voy a seguir comentándolo porque es algo demasiado personal.

¿Qué le diría a un compañero que se esté planteando ir como voluntario?

Que vaya sin dudarlo, que será una experiencia de crecimiento personal y profesional única e increíble que hay que aprovechar. Hace un tiempo me propuse decir una frase cada vez que pudiese para concienciar a todos nuestros compañeros en mi lucha por la visualización de la enfermería. Esta frase la dijo la  nuestra madre, Florence Nightingale y es la siguiente: “No tengas miedo de abrir la ventana”. Si algún enfermero me preguntase le contestaría con esta frase.

¿Está dispuesta a repetir?

Por supuesto, repetiré como voluntaria, volveré a crecer y mejoraré.

 

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