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La Enfermería en el cine bélico histórico

Por   /  31 Marzo, 2016  /  No hay Comentarios

Autor: Manuel Cano Leal. Enfermero militar. Secretario del Colegio de Enfermería de Cádiz.

En febrero de 2009, la BBC Films anunció que realizaría una película, basada en la vida de Vera Brittain y la narración de su libro, “Testament of youth” (Testamento de juventud), escrito en 1933. Es un relato autobiográfico, ambientado entre 1913 y 1925. La película se estrenaría en España en DVD el año 2015.

Vera Brittain en 1920

Vera Brittain en 1920.

Brittain había nacido en Newcastler el 29 de diciembre de 1893, el seno de una familia adinerada, hija de Thomas Brittain y de Bervon Edith, propietarios de fábricas de papel en Staffordshire[1]. Recibió una educación clásicamente victoriana[2] como correspondía a su estatus social, y tuvo una infancia feliz junto a Edward su único hermano. Desde la edad de trece años, asistió a escuela Santa Mónica de Kingswood (Surrey), donde su tía era directora. Una vez concluidos los estudios elementales, las mujeres de su clase social se preparaban para contraer matrimonio. Ella en cambio luchó contra los prejuicios sociales y a pesar de la fuerte oposición, principalmente paterna, consiguió una beca para ingresar en el Somerville College, en la prestigiosa Universidad de Oxford, para estudiar Literatura Inglesa.

Tras el estallido de la I Guerra Mundial, la joven Vera dudaba entre continuar sus estudios en Oxford o convertirse en enfermera para ayudar a los heridos en el frente. El alistamiento en el ejército de su hermano, Edward Brittain, su novio, Roland Leighton, y dos de sus mejores amigos, Victor Richardson y Geoffre Thurlow, le ayudaron a decidir, cual era su prioridad en esos momentos.

Vera, aparca sus estudios y decide enrolarse como enfermera voluntaria VAD,s[3], trabajando primero en Londres y posteriormente en Francia y Malta. Durante la I Guerra Mundial, las enfermeras realizaron un trabajo agotador, muy peligroso, y las voluntarias que lo llevaron a cabo se enfrentaron de forma directa al horror de los combates. Algunas de ellas pagaron un precio muy alto. En el caso de Brittain, su novio Roland moriría en 1915. El día 7 de noviembre de aquel fatídico año, había escrito una carta a Roland Leighton donde le decía: en estos momentos solo pido una cosa a la vida, el fin de la guerra. Después de haber visto tantas situaciones terribles, nunca volveré a ser la misma persona. Me he olvidado de reír. Las amputaciones, las manos y la ropa cubiertas permanentemente de sangre, han saturado mi mente de una furia apasionada ante la maldad de la guerra. Incluso deseé no haber nacido.

Vera escribió en su diario: a veces, en medio de la noche, tenemos que bajar de las camas a los soldados que tenemos hospitalizados y tumbarlos en el suelo, dejándolas libres para otros compañeros que vienen en peores condiciones. Tenemos montones de “gaseados”[4], que venían con graves problema respiratorios y terribles quemaduras por todo el cuerpo. Llegaban con los ojos cerrados y doloridos por el efecto pegajoso y nocivo del gas. Luchaban por respirar, quejándose de que sus gargantas se cierran y se asfixian sin remedio. No puedo evitar, continuaba su relato, acordarme de aquellas personas que consideraban el conflicto como una guerra, en la que había que seguir luchando sin importar el coste de la misma, ni sus consecuencias.

LA MUERTE DE RONALD LEIGHTON

Vera oficializó su compromiso con Ronald, en agosto de 1915, mientras éste disfrutaba de un corto permiso. A su regreso al frente en Francia, estaba estacionado en las trincheras existentes cerca de Hebuteme, al norte de Albert. El 26 de noviembre escribió una carta a Vera que ponía de relieve su desilusión con la guerra: todo parece un desperdicio de la juventud, una profanación de la vida, de la poesía y la belleza. Me encantaría que todo hubiese sido de otra manera.leighton

En la noche del 22 de noviembre de 1915, mientras reparaban los alambres de púas en la parte delantera de sus trincheras, en una noche de luna y con los alemanes a muy pocos metros, un francotirador le asestó un tiro en el abdomen. Murió como consecuencia de las heridas, en el hospital militar en Louvencourt, un día antes de la navidad. Fue enterrado en el cementerio militar, cerca de Doullens.

El día 3 de enero, Vera volvió a su trabajo en el Hospital General de Londres, mostrando una entereza digna de encomio, apoyándose en los ánimos que le aportaban su hermano Edward y sus amigos de la infancia, Victor y Geoffrey.

LAS MUERTES DE VICTOR Y GEOFFRE

Las desgracias nunca vienen solas y menos en tiempos de guerra. Victor Richardson, el día 9 de abril de 1917, fue gravemente herido por una bala, posiblemente de una ametralladora, que entró por el ojo izquierdo y se alojó en el cerebro. A pesar de las importantes lesiones, pudo ser trasladado con vida a un hospital de Londres. Allí fue visitado por Vera que pudo comprobar la gravedad de la situación, impactándose del estado anímico de su amigo. Estaba destrozado por los daños corporales ocasionados por el proyectil, pero era más visible el desmoronamiento psíquico que presentaba.

Vera intentó aportarle ánimo como amiga y como enfermera. Sin embargo, cuando parecía que recuperaba su estado de salud, un absceso cerebral acabó con su vida el 9 de junio de 1917.

Mientras tanto su otro íntimo amigo, Goeffrey Thurlow, fallecía en acción de combate en Monchy-le-Preux, el 23 de abril de 1917. Al igual que su querido amigo Roland, un francotirador le alcanzó en un pulmón, acabando con su vida. Murió mientras lo atendían, acostado en una camilla, quince minutos más tarde de haber sido herido de extrema gravedad. Edward Brittain escribió a Vera informándole de su muerte, elogiando sus muchas cualidades y prometiéndole que nunca lo olvidaría, por mucho tiempo que pudiera vivir. Vera le contestó diciéndole, que Geoffrey, después de Roland, era el hombre que más había amado.

EDWARD BRITTAIN (1895-1918)

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