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50 aniversario de la participación de la Sanidad Militar española en Vietnam

Por   /  7 marzo, 2016  /  No hay Comentarios

JAYNE MANSFIELD

Famosas estrellas del cine, como Jayne Mansfield, visitaron a los sanitarios desplazados en Vietnam.

Tuvieron visitas de famosas estrellas del cine como Jayne Mansfield, Robert Mitchum y Henry Fonda, pero lo que más le reconfortaba era el viaje mensual de un fin de semana a Saigón. Allí podían desconectar un poco ayudados por el gran bullicio de la ciudad y las comodidades del hotel donde residían. Sin esta “desconexión” mensual, habría sido imposible soportar tanto dolor y tanta miseria juntas.

Además, cada seis meses de permanencia en Vietnam, se tenía derecho a un viaje turístico, obviamente gratuito, de una semana de duración a Australia, Tailandia, Japón, Filipinas, etc.

REGRESO A LA DURA REALIDAD

Disfrutada las pequeñas vacaciones se volvía a la dura realidad diaria. Una vez a la semana, y siempre que los caminos no estuvieran cortados, el médico internista Francisco Faundez y un practicante, se trasladaban a la cabecera de los cuatro distritos de la provincia para atender a las poblaciones de las aldeas próximas. No hace falta decir que el vehículo que los llevaba iba escoltado por un par de soldados armados, y que, previamente, la carretera era inspeccionada por un blindado y otro vehículo militar que se encargaban de limpiarla de posibles minas colocadas durante la noche por el Vietcong.

El viaje se hacía a toda velocidad para dificultar el ataque de posibles tiradores. Una vez en las distintas poblaciones, por altavoz se anunciaba la llegada del equipo sanitario. Rápidamente se formaban grandes colas de personas que aquejaban pequeñas dolencias o necesitaban intervenciones de cirugía menor que eran resueltas por el practicante. Se aprovechaban estos desplazamientos para llevar a cabo campañas de vacunación infantil, y se entregaban medicamentos para la prevención de las enfermedades endémicas (paludismo, fiebre amarilla, etc.) y para otros tipos de dolencias, debido a la carestía de cualquier tipo de abastecimiento farmacéutico. Algo por otro lado normal en zonas afectadas por la guerra o por catástrofes naturales, donde se quedan desabastecidos de las necesidades primarias más elementales.

Desgraciadamente, y esto igualmente forma parte de los efectos terribles de la guerra, los Vietcong tomaban represalias contra los ciudadanos que aceptaban este tipo de ayuda médica y humanitaria, que procediera del “poder imperialista”, en este caso de los sanitarios imperialistas. Llegaban a los extremos de amputarles los brazos o piernas curadas y en la mayoría de los casos asesinaban al jefe de la aldea.

Hay que destacar que “aparentemente” los guerrilleros del Vietcong nunca atacaron, de forma premeditada, al personal español, pero otros equipos sanitarios sí que sufrieron bajas y este tipo de noticias corría como la pólvora. Quizás esa circunstancia se debiera a que los militares enemigos debían apreciar la ayuda prestada a los civiles y también a los guerrilleros comunistas heridos. Se da la circunstancia, triste por otra parte, que tampoco los americanos eran partidarios de este tipo de actuaciones de los sanitarios españoles ya que sabían que, en ocasiones, los medicamentos que entregaban a la población acababa en manos de los propios guerrilleros y por tanto servían para curar a sus heridos y enfermos.

INJUSTICIA DE LA GUERRA

Las injusticias de la guerra.

Decía el escritor Andrés Trapiello en uno de sus libros, que no ha habido una sola guerra justa que se haya ganado “limpiamente”. En las guerras se muere y se mata, todo en ellas, es injusto. 

Después de todo el día trabajando en condiciones bastante difíciles, la vuelta al campamento también resultaba peligrosa, más si cabe, al disminuir la claridad del día y aumentar las posibilidades de que les tirotearan amparados en la poca visibilidad.

Y es que la Guerra del Vietnam fue esencialmente una guerra de guerrillas, con una característica principal de la no existencia de un frente permanente. Era una guerra llena de emboscadas, de atentados, con un enemigo invisible que estaba en todas partes y en ninguna a la vez.

Un “visionario Franco” advertía al coloso estadounidense lo que le sucedería diez años después. Aun se puede recordar la imagen más humillante de la historia de los EEUU, con los soldados escapando precipitadamente de Saigón, dejando abandonados a muchos de sus aliados militares vietnamitas y a la propia población civil. Un reguero de miles de millones de dólares tirados a la basura y lo que es peor, muchos miles de vidas perdidas inútilmente.

La Misión Sanitaria estaba ubicada en una zona calificada de “tranquila”, aunque como hemos visto la guerra siempre estaba presente. Contaban los actores principales de esta unidad, que existía una incesante orquesta de ruidos. La artillería, los helicópteros[6], las explosiones, aunque lejanas, de los enormes bombarderos B-52 o el goteo de tiros nocturnos, les hacían recordar permanentemente que estaban inmersos en una guerra. Las granadas de mortero caían tan cerca, que en una ocasión resultó herida gravemente una cocinera sudvietnamita que les cocinaba y que tuvo que ser operada de urgencias.

[1] Juan Outón Barahona fue Teniente Coronel, Director de Enfermería del Hospital Gral. Defensa SAN CARLOS, en San Fernando. Falleció el 7 de mayo de 2010 por un infarto. Cuando cumplió la Misión tenía 23 años

[2] El diario ABC con Luis María Ansón como enviado especial, visitó la zona y los días 9,10 y 11 de febrero de 1967, el diario ABC publicó dos crónicas, por télex. Los titulares del diario y el contenido de las crónicas molestaron al Estado Mayor del Ejército. Luego el silencio informativo envolvió la misión. [3] EEUU quería una guerra bendecida por la comunidad internacional.

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